El factor del cáncer del que menos se habla

Es probable que en este momento tengas células cancerosas en tu cuerpo… y aún así, eso NO significa una condena letal.

El problema real no es que existan estas células… es su cronómetro interno. Si pudiéramos hacer que ese reloj fuese suficientemente lento, perderían todo su poder.

Soy Cinthia Reyes y hoy vamos a analizar evidencia científica que trata de responder si de hecho tenemos algún nivel de control sobre esa velocidad de reproducción tumoral.

Sabemos que nuestro cuerpo se renueva todo el tiempo. Siendo estrictos, una buena parte de tu cuerpo hoy está compuesto por células totalmente distintas de las que tenías hace 10 años. Se reemplazan constantemente. Para que esto suceda el ADN tiene que copiarse una y otra vez. Pero copiar millones de veces textos con millones de letras… sin errores… es casi imposible.

No todos los errores son problemáticos y cuando lo son, tenemos sistemas de seguridad. Digamos que las células tienen interruptores de autodestrucción para cuando algo sale de la norma. A esto se le llama APOPTOSIS. Significa que la célula se apaga sola si es innecesaria o anormal.

Pero este proceso no es infalible… a veces, los propios errores en el proceso de copiado fastidian el sistema de seguridad… 

Hay un segundo control: El sistema inmunológico procura deshacerse de las células anómalas que no se suprimen solas… 

Pero aquí entra un juego de probabilidades…

Probabilidad de que haya un error en el copiado…

Probabilidad de que una célula anómala no se destruya…

Probabilidad de que el sistema inmunológico no identifique el problema y lo resuelva…

Aquí entra una idea clave: una célula cancerosa, sola… no mata a nadie. Ni dos… ni cuatro…

El problema aparece cuando se reproduce, replicándose, SUFICIENTES VECES

Las células se duplican de dos en dos… pasamos de 1 a 2, 4, 8, 16, 32… y cuando esto sucede unas 30 veces sin que nada las detenga, pasamos las mil millones de células… si hablamos de un tumor en la mama, mil millones de células tumorales juntas, miden quizás un centímetro cuadrado y ya pueden ser detectables en una mamografía.

La siguiente pieza clave en el rompecabezas es la velocidad con la que pasemos de 1 a mil millones, o de mil millones a una invasión de tal proporción que comprometa nuestra vida.

En la literatura científica encontramos que distintos tipos de cáncer tienen velocidades de crecimiento diferentes.

Imagina dos relojes corriendo. Uno avanza a paso de tortuga y otro a la velocidad de la liebre.

En este caso uno es el tumor prostático y el otro el testicular… uno de los dos tiene más probabilidad de acabar con tu vida que el otro.

El tumor prostático es de los que crecen con una velocidad más baja: duplica la cantidad de células involucradas y tamaño en ciclos de 300 a 2400 días. 

Es decir, para pasar de que quizás no se perciba gran cosa en el ciclo 29 a que aparezca una masa de 1 centímetro de longitud pueden pasar entre casi 1 año y 6. Y un periodo igual para que la masa otra vez se duplique.

Si un tumor debe pasar 30 ciclos antes de ser perceptible, en algunos casos podrían pasar muchos años sin notarlo.

En el otro extremo, el tumor testicular se estima duplica su tamaño entre 10 y 30 días. En alrededor de un mes se puede pasar de “no hay nada perceptible” a… “oye, ahí hay algo raro”…  Potencialmente, los 30 ciclos para pasar del error de copiado a un tumor de 1 centímetro, podrían transcurrir menos de 3 años.

No todos los tumores acaban con nosotros.

Para este análisis se trabajó con datos de más de 1 millón 600 mil pacientes con 44 tipos distintos de cáncer. Con esos datos, se estima que el cáncer de ovario podría tardar poco más de 44 años en desarrollarse para cuando se te diagnostica, iniciando su desarrollo en promedio a los 17 años de edad.

Lo voy a decir de otro modo: una persona con este diagnóstico a sus sesenta y tantos años, ha tenido cáncer más de dos terceras partes de su vida sin saberlo. 

Claramente, el día del diagnóstico no es cuando inicia todo el proceso… pero más importante, muchas personas podrían vivir largas vidas con tumores de crecimiento tan lento que nunca les causen problemas.

Hay estudios de autopsias que apuntan justamente a esto último.

Este es un artículo bastante antiguo en el que se detallan los hallazgos de 110 autopsias de mujeres danesas entre 20 y 54 años de edad.

Las mujeres no fueron elegidas por algún criterio de salud específico y lo que a mi me sorprendió fue que en el rango de edad de quienes tenían entre 40 y 49 años, más de un tercio de ellas ya mostraban lesiones de tipo canceroso, aunque en ninguno de esos casos hubiera sido esa enfermedad la causa de muerte.

Y no sé tú… pero como alguien que tiene mil cosas anómalas en sus mamografías, ese dato sí me preocupó un poco…

Sin embargo, de acuerdo a datos del 2020 en Estados Unidos, en ese mismo rango de edad, la mortalidad por cáncer de mama es menor al 1 %. 

No estoy diciendo que el cáncer sea inofensivo o que no sea importante su detección. Estoy diciendo que la peligrosidad depende de cómo se comporte.

Este otro es un análisis con datos de más de 29 mil autopsias en sujetos de entre 20 y 90 años de edad al fallecer donde alrededor del 21% de ellos tenían cáncer de próstata pero esa no fue su causa de muerte. De hecho, la presencia del tumor en ellos era típicamente de alrededor de medio centímetro cúbico.

Ok, haya gente que muere “con cáncer” y no “de cáncer”… de hecho, quizás ni se enteran del cáncer.

Ahora que sé eso, ¿qué hago con esa información?

Una pista, nos la dieron en Japón gracias a este otro estudio.

Resulta que en la década de 1950, aparentemente la mortalidad del càncer de pròstata era unas 40 veces mayor en Estados Unidos que en Japòn, pero algo pasò en el camino porque en el 2016, esa diferencia se habìa reducido de 40 a sòlo 2.

Lo que proponen los autores es que esa disminución drástica en la mortalidad sugiere para empezar, que la incidencia de la enfermedad no era una cuestión genética y en cambio, que lo que visiblemente cambió en esas décadas fue la dieta de los japoneses.

Se estima que en los cincuentas, el consumo de proteína en Japón era principalmente de origen vegetal con un poco de pescado, con una alta ingesta de productos de soya y té verde… pero poco a poco la dieta japonesa se fue contagiando del modelo “occidental” o “americano” de alimentaciòn, que es mucho más rico en carne y grasa animal, y pobre en frutos y vegetales.

En otros videos hemos platicado sobre análisis que sugieren precisamente que ciertas dietas como la Mediterránea pareciera estar asociada con menor incidencia de cáncer. En otros hemos platicado sobre cómo por ejemplo la ingesta del café parece asociarse con menor incidencia de cáncer de hígado… 

Lo que estoy diciendo es que una posible explicación detrás de esto es que ciertos alimentos y estilos de vida, quizás… más que anticipar la aparición de estas células, lo que podrían estar haciendo es modular o influir un poco en la velocidad de su reproducción.

Si pudiéramos alentar tanto la progresión del cáncer que le tomara 200 años en hacernos daño, quizás sería menos problemático.

Eso es lo que estudios como éste sugieren que uno de los signos que caracteriza la presencia del cáncer es una inflamación crónica que parece favorecer el crecimiento tumoral. 

Ácidos grasos omega-3 y los famosos antioxidantes, se considera que tienen efectos antiinflamatorios

En contraste, carbohidratos refinados, grasas saturadas y las aminas heterocíclicas de la carne carbonizada promueven la inflamación, lo que potencialmente podría favorecer el crecimiento tumoral.

En el 2006 se publicó un estudio muy citado y referido como “el efecto Ornish”, por el autor principal.

Se trata de un ensayo controlado aleatorio. Los participantes eran hombres en etapa temprana de cáncer de próstata que habían decidido no iniciar tratamiento. Estas personas fueron divididas en dos grupos, uno que no hizo nada especial para poder tomar como referencia y otro en el que se adoptó una dieta basada en plantas y técnicas de reducción del estrés. Se identificó que este último grupo experimentó una disminución en los niveles de un marcador de la actividad tumoral comparados con el grupo que no hizo nada especial.

Estos distintos estudios lo que sugieren es que inflamación, metabolismo, estrés… podrían influir en cierta medida en la velocidad de reproducción tumoral, aunque esta dependa en primer lugar del tipo de tumor.

NO ESTOY DICIENDO que haya un alimento que sea una solución mágica.

Y Ojo: TAMPOCO estoy diciendo que se haya identificado una alternativa al tratamiento médico… aunque sí hay investigaciones realizadas con tratamientos novedosos que sugieren que el tipo de dieta y estilo de vida puede influir en su efectividad. 

El cáncer no es una cosa binaria: existe y muero… o no existe y vivo. 

Es posible que en este momento haya células en tu cuerpo replicándose con errores. Pero eso no es lo aterrador, lo preocupante es que crezcan sin freno.

Hoy NO es un día para entrar en pánico. Es un día para inclinar las probabilidades un poco a tu favor con cada una de tus decisiones cotidianas.

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Referencias:

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