Cómo grabarte aunque no te guste tu voz ni tu imagen

A mí también me detuvo.

Durante mucho tiempo no quise tener un proyecto de divulgación donde yo saliera a cuadro. Intenté empujar a otros para que fueran la «cara del proyecto» mientras yo trabajaba tras bambalinas, pero después de varios intentos fallidos no me quedó más remedio que lanzarme yo misma.

El problema era que no me sentía cómoda frente a la cámara. Había grabado para radio a pesar de que no me gusta mi voz. Pero presentarme en video, tal cual, era demasiado. Además, yo ya era fotógrafa… estaba entrenada para juzgar postura, iluminación y expresiones.

Como tú, también pensé muchas veces:

«Me veo incómoda.»
«No sé qué hacer con las manos.»
«Mi cara está toda rígida.»
«Qué horror escucharme.»
«Mi voz suena rarísima.»

(Y para rematar: cuando contestaba el teléfono en casa, más de una vez pensaron que hablaban con un niño. ¿Te imaginas?)

Si alguna de esas ideas te ha cruzado por la mente, no eres un caso aislado. La escopofobia (miedo a ser observado o juzgado), es más común de lo que el nombre rimbombante sugiere.

Y seamos claros sobre algo:

La voz que escuchas cuando hablas no es la misma que escuchan los demás. Así que sí, es muy probable que cuando te escuchas sientas rechazo, porque tu cerebro simplemente no reconoce «eso» como tu voz. A eso súmale que casi nadie está acostumbrado a observarse desde fuera.


La buena noticia es que la realidad es mucho más simple de lo que parece:

A casi nadie le interesa realmente tu existencia ?

Lo que eso significa en la práctica: tu audiencia no tiene energía para analizar tu cara, comparar tu voz ni evaluar tu postura. Lo que sí le importa, desde el primer segundo, es esto:

¿Me sirve de algo escuchar esto?

Cuando alguien explica algo con claridad, las imperfecciones visuales desaparecen.

Probablemente ya consumes contenido de personas que no tienen súper cámara, ni voz «perfecta», ni iluminación profesional… que quizás ni siquiera te caen especialmente bien. Pero igual te quedas viendo porque el contenido te resulta útil.


Ojo: no estoy diciendo que la presencia no importe.

Claro que importa. Pero muchas personas intentan resolver primero la postura, la estética, la iluminación, la edición, el ángulo… antes de sentirse mínimamente cómodas hablando.

Eso es como querer correr una maratón antes de aprender a caminar.

Quienes venimos del ámbito académico o profesional tenemos un entrenamiento particular para controlar, corregir y perfeccionar. No para exponernos. Y eso complica las cosas.


Entonces, ¿qué recomiendo?

No intentar «verte profesional» desde el inicio.

Algo mucho más simple: entrenarte a tolerar tu propia presencia.

Eso es todo.

Por ejemplo:

  • Grabar videos que no vas a publicar
  • Mandárselos a un amigo
  • Grabar una sola toma sin retakes obsesivos
  • Acostumbrarte a escuchar tu voz sin salir corriendo

Todo eso se entrena.

Y cuando dejas de obsesionarte contigo, liberas atención para lo que realmente importa: la idea, la historia, la claridad, la persona que te escucha.

Ahí es donde el contenido empieza a mejorar de verdad.


En mis cursos, una parte importante del proceso no es técnica. Es ayudar a las personas a atravesar esa barrera psicológica de «no me gusta verme ni escucharme».

Porque si no resuelves eso, puedes pasar años tomando cursos, aprendiendo edición y planeando contenido… sin publicar realmente nada.

La meta inicial no es verte increíble.

La meta inicial es dejar de congelarte frente a la cámara.

Y eso cambia todo.

Si quieres hacer esto con más guía para que no te quedes atorado, eso es algo con lo que en el futuro te puedo ayudar. ¿Quieres saber cómo funciona ese proceso?

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