Este es un caso real. Roberto, de 54 años, había estado podando el pasto de su jardín una mañana de verano. Posteriormente tomó su bicicleta para hacer un mandado… Nada fuera de lo ordinario… hasta que su vecino lo encontró tirado junto a su bicicleta, sin responder. Al llegar los paramédicos, su temperatura corporal era de 42 grados, después de lo cual no tuvo una hospitalización “ordinaria”…
Cuando Roberto llegó a urgencias, los médicos encontraron a un hombre en coma, con el corazón latiendo a 163 pulsaciones por minuto y los pulmones trabajando al límite. Lo intubaron de inmediato. Empezaron a enfriar su cuerpo con bolsas de hielo, sábanas húmedas, y un dispositivo especializado de enfriamiento. Lograron bajar su temperatura a 38.3 Celsius… y por un momento, pareció que lo peor había pasado.
Pero el cuerpo de Roberto no había terminado de reaccionar.
Aunque en las siguientes 12 horas, su estado mental mejoró lentamente e incluso podía seguir órdenes de forma intermitente. En ese periodo requirió soporte ventilatorio mínimo y se encontraba estable, pero esta calma fue sucedida por graves fallas en su cuerpo.
Primero sus riñones, luego su hígado. La sangre dejó de coagular correctamente. Su nivel de glucosa cayó tan bajo que necesitó dosis repetidas de dextrosa para estabilizarse. Los médicos que lo atendían ya no estaban tratando un golpe de calor… estaban tratando un colapso en cascada de órganos vitales.
Roberto fue trasladado a un centro especializado con capacidad para trasplante de hígado. Su condición siguió empeorando. El debate médico respecto a qué curso seguir concluyó en una difícil decisión: cuidados paliativos.
Un hombre que comenzó su día podando su jardín.
El golpe de calor es una emergencia médica que puede destruir órganos en cuestión de horas… y además, muchas veces no se reconoce a tiempo porque los síntomas iniciales no parecen tan graves.
Soy Cinthia Reyes y hoy analizaremos qué pasa en el cuerpo humano cuando un evento de este tipo sucede, cómo identificarlo, y qué hacer si tú o alguien cerca de ti lo está experimentando.
¿Qué es un golpe de calor?
Cuando escuchamos «golpe de calor», quizás pensemos en alguien que se desmaya bajo el sol después de estar mucho tiempo afuera. Y sí, esa puede ser parte de la historia… pero hay mucho más.
El golpe de calor es la forma más severa de lo que se conoce como “enfermedades por calor”. Aparece cuando el cuerpo pierde la capacidad de regular su propia temperatura. Para ser claros, no es como que por el simple hecho de tener calor un rato, ya estemos en riesgo. Lo que sucede en el golpe de calor es que el sistema de tu cuerpo que regula tu temperatura de manera ordinaria se ve rebasado, con lo que tu temperatura corporal puede llegar a subir por encima de los 40 Celsius.
Regresemos al caso de Roberto.
Él no estaba en una situación que podríamos considerar extrema: Estaba podando el pasto en un día de verano, algo que millones de personas hacen sin consecuencias.
Ahora, hay dos formas distintas en las que puede ocurrir un golpe de calor, y entender la diferencia es importante.
La primera es la que quizás le pasó a Roberto: el golpe de calor por esfuerzo. Sucede cuando la actividad física intensa genera más calor del que el cuerpo puede disipar, generalmente esto sucede en ambientes calurosos o húmedos. Esta es la razón por la cual hay ciudades que han institucionalizado protocolos de emergencia en casos de olas de calor, donde incluso hay policías dando vueltas por la calle y llevando a la gente que encuentran caminando a sitios con aire climatizado o refugios
La segunda es lo que se llama golpe de calor clásico, y es quizás la más silenciosa. No involucra esfuerzo físico. Ocurre en personas que están expuestas a altas temperaturas durante un tiempo prolongado sin poder enfriarse: un adulto mayor en una habitación sin ventilación o un niño pequeño en un carro estacionado al sol.
Es posible que el golpe de calor no presente señales de advertencia claras hasta que ya sea una emergencia. Otra razón por la que identificar el golpe de calor es difícil, es que este puede comenzar con síntomas parecidos a los del agotamiento por calor, como mareo, náuseas y debilidad. La diferencia es que el agotamiento por calor puede mejorar con reposo, enfriamiento e hidratación; en cambio, el golpe de calor es una emergencia médica que llega a afectar el cerebro y puede ocasionar confusión, agitación, comportamiento inusual o pérdida de consciencia.
Eso es lo que los paramédicos encontraron con Roberto cuando llegaron.
El golpe de calor no discrimina por edad ni condición física, aunque hay poblaciones que estadísticamente se reconocen como más vulnerables, como los adultos mayores, los niños pequeños o personas que trabajen o hagan ejercicio al aire libre.
Hablamos de una emergencia en la que mientras más tiempo la persona esté sujeta a una alta temperatura corporal, mayor es el riesgo de daño a órganos. Ya que, como posiblemente sucedió con Roberto, llegó al punto en que ya se había iniciado una incontrolable reacción en cadena.
¿Qué pasa en nuestro cuerpo en un golpe de calor?
Nuestro cuerpo tiene mecanismos muy precisos para regular la temperatura y mantenerla dentro de un rango estrecho. No es un sistema pasivo: responde de forma continua cuando la temperatura interna empieza a subir.
Disipamos calor antes de que nuestra temperatura alcance niveles peligrosos mediante distintos mecanismos simultáneos: los vasos sanguíneos de la piel se dilatan para liberar calor, aumenta el flujo de sangre hacia la superficie y comienza la sudoración.
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El problema aparece cuando ese sistema se ve rebasado.
En un ambiente muy húmedo, el sudor se evapora menos precisamente porque el ambiente ya tiene mucha humedad… y es justo el proceso en que el agua líquida pasa a vapor lo que extrae calor de nuestra piel. En español: Si menos de tu sudor puede evaporarse porque estás en un ambiente húmedo, significa que sudar es menos eficaz para enfriarte.
Si a esto se suma un ambiente particularmente caluroso y esfuerzo físico intenso, el cuerpo produce más calor que el que es posible que libere. Cuando nuestra capacidad de enfriamiento ya no alcanza: la temperatura sigue aumentando.
A medida que la temperatura aumenta, los vasos sanguíneos pueden sufrir daños y desencadenar una reacción intensa en todo el cuerpo.
Además, por un lado, puede alterarse la coagulación normal de la sangre.
Y por el otro, al intentar enfriarse, el cuerpo desvía sangre hacia la piel, lo que reduce el flujo hacia órganos internos, favoreciendo que se dañen al recibir menos oxígeno.
Además, el organismo libera señales inflamatorias llamadas citoquinas, que amplifican la inflamación y, cuando son excesivas, pueden contribuir al daño de los tejidos y al estrés de los órganos.
Conforme avanza el tiempo, este desequilibrio puede afectar el hígado, los riñones y los músculos.
El proceso es como una cascada que, una vez que inicia, puede ser difícil de detener.
Eso es lo que le pasó a Roberto.
Sus médicos lograron bajar su temperatura en urgencias y su estado mental mejoró. Ah{i parecía haber logrado estabilizarse, pero el daño no necesariamente termina cuando la temperatura baja: en algunos pacientes, la lesión orgánica ya había iniciado y se hizo evidente horas después.
Por ello Roberto desarrolló falla renal, hepática y coagulación intravascular diseminada, una alteración en la que la coagulación se activa de forma descontrolada dentro de los vasos y luego el cuerpo agota parte de sus factores de coagulación.
Lo que sí está claro es esto: el daño del golpe de calor no siempre es inmediato ni visible. Dado que es posible que el evento provoque consecuencias imposibles de prever en un inicio, el seguimiento hospitalario es crucial. El tiempo entre el inicio de los síntomas y el tratamiento, es uno de los factores más importantes en el desenlace.
Prevención del golpe de calor
Aunque no es posible predecir quién va a desarrollar un golpe de calor, sí hay medidas concretas que reducen significativamente el riesgo.
Te las presento en el orden en que tienen sentido aplicarlas empezando por lo más básico.
Lo primero es la hidratación. En ambientes calurosos, el cuerpo pierde líquido a través del sudor.
Cuando sientes sed es porque ya estás algo deshidratado. Asì que es recomendable beber agua de manera constante.
Evita el alcohol y la cafeína por sus efectos diuréticos. Si orinas más, pierdes más líquido. Evita también las bebidas con mucho azúcar. Tomar bebidas demasiado frías puede ocasionar espasmos estomacales.
Segundo: Sé que suena obvio pero es importante permanece en un lugar fresco lo màs posible. Toma en cuenta que en regiones con alta humedad, cuando la temperatura de la habitaciòn està por encima de los 35 ºC un ventilador eléctrico ordinario ya no nos ayuda y serìa preferible buscar un lugar con aire acondicionado.
De hecho, a temperaturas más altas el uso de un ventilador no sólo no ayuda, nos perjudica porque facilita que nuestro cuerpo se caliente. En cambio, tomar un baño fresco sí es útil
De ser posible, prefiere utilizar la estufa o el horno de tu cocina en horarios donde el calor no sea tan intenso.
Tercero: Si vas a salir, prefiere ropa holgada y ponte protector solar. Las quemaduras solares afectan a la capacidad del cuerpo para regular la temperatura y también pueden provocar deshidratación. Considera también ponerte un sombrero de ala ancha o una cachucha.
Cuarto: El momento del día en que haces actividad física intensa importa. Evita en lo posible los horarios de mayor temperatura. Considera también hacer pausas frecuentes en espacios frescos.
Quinto: Si viajas en auto con niños, carga también un peluche. El niño va atrás en su sillita y el peluche va en el asiento de copiloto junto a ti para recordarte que traes un menor que no debes olvidar y dejar en el auto cerrado.
Además hay un factor que no siempre consideramos. Las personas sí nos aclimatamos. Es decir, si vives en un lugar de temperaturas más frescas, necesitarás un par de semanas para acostumbrarte a un clima más cálido, pero este proceso tendría que ser progresivo y gradual.
Si tienes mascotas, asegúrate de que tienen agua fresca que no esté expuesta al sol y que ellos mismos no están expuestos a temperaturas extremas por largos periodos de tiempo.
Finalmente, vale la pena recordar que hay personas para quienes estas medidas son especialmente importantes: adultos mayores, niños pequeños, y personas que toman ciertos medicamentos que pueden interferir con la regulación de la temperatura.
La prevención no requiere medidas extraordinarias, requiere consistencia.
¿Cómo reconocer un golpe de calor?
Como ya habíamos comentado, los síntomas iniciales pueden confundirse fácilmente con agotamiento por calor, que es menos grave. La diferencia crítica es que el golpe de calor afecta el cerebro. Y cuando eso sucede, cada minuto cuenta.
Hay señales que indican que estamos ante una emergencia:
La primera es una temperatura corporal por encima de los 40°C
Segunda y muy importante: Cambio en el estado mental: confusión, agitación, comportamiento inusual, lenguaje incoherente, convulsiones o pérdida de consciencia.
Si identificas esto, no esperes. Llama a los servicios de emergencias.
Recuerda que esto fue precisamente lo que encontraron los rescatistas con Roberto.
La tercera es la piel. En un golpe de calor clásico, la piel puede estar caliente, seca y enrojecida, sin sudoración.
En el golpe de calor por esfuerzo, puede haber sudoración.
Ojo: en pieles más oscuras el enrojecimiento puede ser menos evidente, así que no descartes las otras señales.
La cuarta es la respuesta del cuerpo en general: ritmo cardíaco acelerado, respiración rápida y superficial, o falta de respuesta al entorno.
Finalmente, si los síntomas persisten después de 30 minutos de haber iniciado medidas de enfriamiento, reposo e hidratación. Estàs ante una emergencia.
Mientras esperas a los servicios de emergencia, mueve a la persona a un lugar fresco, retira ropa innecesaria, y empieza a enfriar su cuerpo con lo que tengas disponible: agua fría, hielo, paños húmedos.
Importante: si la persona está confundida o inconsciente, NO le des lìquidos a beber.
En una situación de este tipo NO administres medicamentos como paracetamol o aspirina. Estos se usan cuando una persona tiene fiebre por enfermedad. En este caso, estos medicamentos no sirven y pueden empeorar o acelerar el daño en órganos.
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Si quieres seguir cuidando tu cuerpo, te invito a ver este video donde analizamos cinco cosas que probablemente haces todos los días… y que están dañando al órgano más grande que tienes. Es posible que no sea el que estás pensando.
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Referencias
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