Era un día normal, 97 minutos después estaba en cirugía cerebral

Era un día por demás ordinario. Marcos se encontraba haciendo sus quehaceres rutinarios en casa. Sesenta y seis años. Zona rural. Sin hospital especializado a menos de una hora de distancia.

/mostrar en texto: “Este es un caso clínico real reportado por el Medical Swedish Center. Los nombres usados en este video son ficticios”

Su hija Valeria estaba en la casa. De repente, ella notó algo fuera de lugar. Su papá no lograba comunicarse con ella. Las palabras no le salían. Algo en su cara no estaba del todo bien. Valeria le preguntaba cosas y tampoco parecía entenderle del todo. Valeria no sabía exactamente qué estaba pasando… pero entendió que algo estaba muy mal.

Llamó a emergencias.

Lo que vino después fue una carrera. Paramédicos locales, transporte aéreo, un centro especializado a casi dos horas de distancia. Durante el traslado, el estado de Marcos empeoró de manera significativa. Lo que al principio parecía leve… se convirtió en algo mucho más serio.

Llegó sin poder hablar y no parecía comprender todo lo que se le decía. No percibía parte de su campo visual derecho. Su mirada estaba desviada hacia la izquierda. No podía mover el lado derecho del cuerpo. 

Noventa días después, Marcos llevaba una vida prácticamente normal.

Soy Cinthia Reyes, y el factor clave que puso en marcha el sistema de salud que atendió a Marcos, fue lo que Valeria hizo en los primeros minutos.

Hoy te cuento qué fue exactamente lo que hizo, qué señales debes reconocer, y qué necesitas saber si alguna vez llegas a un hospital con alguien en esa situación

Qué es un derrame y por qué el tiempo lo es todo

La pérdida de neuronas durante un derrame cerebral isquémico puede ser de entre 35 mil hasta más de 27 millones por minuto. No por hora. Por minuto. En estudios como este, se estima que el daño podría equipararse a un envejecimiento de más de 3 años y medio por cada hora que pasa el paciente sin tratamiento.

Hay más de un tipo de derrame, y en este otro video lo explicamos. Pero vamos a enfocarnos hoy en el de tipo isquémico, porque es el más frecuente y es para el que existe un tratamiento muy eficaz si el paciente llega a tiempo y es candidato.

Por eso el derrame isquémico es una emergencia donde el tiempo de respuesta es una variable crítica. Aquí, el flujo de sangre hacia una parte del cerebro se interrumpe, las neuronas dejan de recibir oxígeno… y empiezan a morir.

Eso es lo que estaba en juego cuando Valeria llamó a emergencias.

Cómo reconocerlo

Pero, ¿cómo supo ella que algo estaba mal? No tenía certeza. Vio señales.

Y eso es exactamente lo que necesitamos ser capaces de hacer.

Los síntomas de un derrame isquémico pueden aparecer de forma súbita. Marcos vivió síntomas que se consideran clásicos de este padecimiento: dificultad para hablar o para encontrar las palabras, dificultad para entender lo que otros dicen, debilidad o parálisis en un lado del cuerpo, y alteraciones en la visión.

Una estrategia para recordar los síntomas más comunes es recordar: RÁPIDO.

R = Rostro caído o asimetría facial súbita: esto puede incluir dificultad para cerrar un ojo o debilidad en un lado de la cara

Á = Alteración del equilibrio o la coordinación: esto puede implicar que la persona se desvíe al caminar

P = Pérdida de fuerza en el brazo o pierna, también puede aparecer adormecimiento.

I = Impedimento visual repentino. Puede ser pérdida de visión en un ojo, visión borrosa o visión doble. 

D = Dificultad para hablar o entender lenguaje: esto puede implicar hablar arrastrado, confuso o no poder encontrar las palabras

O = Obtén ayuda, llama a emergencias

Hay síntomas adicionales que vale la pena conocer, como confusión generalizada, fatiga súbita e inusual, dolor de cabeza muy intenso y repentino sin causa aparente, náuseas, o pérdida de consciencia. 

Además, hay factores de riesgo especialmente importantes en las mujeres, como el embarazo, el posparto, la preeclampsia, los anticonceptivos hormonales en personas de alto riesgo, y la migraña con aura.

Dado que estos no son los síntomas que primero asociamos con un derrame… a veces se ignoran.

Una cosa importante: no necesitas tener absoluta certeza de que se trata de un derrame para actuar. Si ves uno de estos síntomas en una persona cercana, trátalo como una emergencia… hasta que el equipo médico te diga lo contrario.

Qué hacer en los primeros minutos

Marcos llegó al centro especializado 97 minutos después de que empezaron sus síntomas, gracias al transporte aéreo que se gestionó cuando Valeria llamó a emergencias.

Pero además de llamar a emergencias, debes tener claro qué sí y qué no puedes hacer en los primeros minutos donde el paciente sigue dependiendo solo de ti.

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Reitero lo primero y más importante: llama a emergencias. No trates de llevar tú al paciente al hospital si hay acceso a una ambulancia. En el caso de Marcos, el trayecto por tierra era de más de dos horas. Si Valeria lo hubiera llevado directamente, la historia sería distinta. 

Una vez que los paramédicos están a cargo, pueden comenzar la evaluación en el trayecto y alertar al hospital antes de llegar.

Anota la hora exacta en que notaste los primeros síntomas, o la última vez que notaste a la persona normal. Este dato no es un formalismo… es información médica. El tratamiento principal para el derrame isquémico, que vamos a ver más adelante, solo puede administrarse dentro de una ventana de tiempo. Si no hay idea de cuándo empezó el evento, las decisiones se complican.

No le des nada de comer ni de beber a la persona afectada. El derrame puede afectar su capacidad de tragar, y existe el riesgo de que el alimento o el fluido se vayan a sus pulmones complicando aún más la situación.

Mientras esperas la ambulancia, mantén a la persona tranquila y en reposo. Si está consciente, no la pongas a caminar para «ver cómo sigue». Si está inconsciente pero respira, recuéstala de lado.

No le des medicamentos por iniciativa propia. Podrías pensar que una aspirina ayuda pero recuerda que hay dos tipos de derrame, y el de tipo hemorrágico empeoraría con este medicamento. 

Ahora bien… ¿qué pasa una vez que el paciente llega al hospital?

En el hospital: qué esperar y cómo abogar

Quisiéramos que todo ocurriera de forma automática, pero en muchos sistemas de salud la rapidez también depende de que alguien del entorno del paciente pregunte, dé seguimiento y ayude a que no se pierda tiempo. A veces no es falta de voluntad del personal, sino de recursos, saturación o de sistemas que no fueron diseñados originalmente para responder tan rápido como exige un derrame.

No se trata de que llegues peleando, pero muchas veces el paciente REQUIERE contar con alguien que se convierta en su voz, que dé seguimiento, y que busque apoyo médico externo si es necesario.

Lo primero que debería ocurrir al llegar es una evaluación neurológica y una tomografía computarizada. 

Este estudio es urgente porque permite distinguir si el derrame es hemorrágico o isquémico, y eso determina el tratamiento.

Si se trata de un derrame isquémico, uno de los tratamientos principales es la alteplasa o tPA, que ayuda a disolver el coágulo que está bloqueando el flujo de sangre. Pero este medicamento tiene una ventana de tiempo. Solo puede administrarse dentro de las primeras 4.5 horas desde el inicio de los síntomas, y hay criterios específicos para decidir si el paciente es candidato. Por eso la hora que anotaste importa y por eso los paramédicos alertan al hospital antes de llegar. En el caso de Marcos, el medicamento se administró 17 minutos después de que cruzó la puerta del centro especializado.

Diecisiete minutos.

Además de este medicamento, dependiendo de la gravedad y el tipo de oclusión, el equipo puede considerar un procedimiento llamado trombectomía mecánica: se introduce un catéter hasta el vaso bloqueado y se extrae el coágulo directamente. 

Este procedimiento, por su complejidad, no se encuentra disponible en todos los hospitales, pero en el caso de Marcos, marcó una diferencia adicional en su recuperación.

Recuerda que no se le debe dar de beber o comer al paciente hasta que en el hospital se evalúe su capacidad de tragar. La dificultad para tragar después de un derrame es más común de lo que parece y puede derivar en neumonía.

Durante la hospitalización, el equipo también va a monitorear el corazón porque ciertas arritmias, como la fibrilación auricular, pueden derivar en un derrame. Detectarlas cambia el tratamiento preventivo para reducir el riesgo de futuros derrames. Marcos, por ejemplo, fue diagnosticado con fibrilación auricular al tercer día de hospitalización.

¿Qué puede hacer un familiar en este contexto? 

Preguntar. ¿Ya se hizo la tomografía? ¿Se evaluó si es candidato a tPA? ¿Qué encontró neurología? ¿Cuál es el siguiente paso y en qué tiempo? No como confrontación, sino como seguimiento.

También ayuda llevar un registro de horas, síntomas y cambios, así como tener a la mano los medicamentos, alergias y antecedentes del paciente. Si algo no queda claro, pide que te expliquen el plan en lenguaje sencillo y pregunta quién está a cargo de la decisión clínica.

Si el paciente empeora o cambia de forma súbita, avisa de inmediato.

Si tienes dudas adicionales, apóyate con tu médico familiar o con los especialistas que tratan regularmente a tu paciente. 

Factores de riesgo

Marcos tuvo un buen desenlace. Pero ¿hay algo que podamos hacer hoy para reducir el riesgo de estar en esa posición?

Aunque hay factores sobre los cuales no tenemos control como nuestra edad o sexo, grandes anàlisis como èste identifican factores en los que sí podemos incidir.

El factor más importante y más claramente relacionado con el derrame es la hipertensión arterial. Después vienen el tabaquismo, la inactividad física, la dislipidemia, que incluye alteraciones en el colesterol y los triglicéridos, la diabetes, la obesidad, y problemas cardíacos como la fibrilación auricular.

Ojo: esto no significa que controlar estos factores garantice que nunca puedas tener un derrame. La evidencia muestra asociación, no una promesa. Pero inclinar las probabilidades a tu favor con cada una de estas variables es exactamente lo que está dentro de tu control.

La hipertensión merece atención especial no solo por ser el factor más claramente asociado al derrame, sino porque muchas personas la tienen sin saberlo. No siempre produce síntomas evidentes. Revisar regularmente tu presión arterial es de las acciones con mayor impacto potencial, y de las más sencillas de hacer.

Además de ver este tema con tu médico, puede interesarte conocer un ejercicio que revisamos en este otro video que ayuda con el manejo de este factor.

Una arritmia que puede pasar desapercibida es la fibrilación auricular. Tu médico es la persona indicada para decirte si conviene hacerte estudios para descartar este riesgo.

El tabaquismo y la inactividad física completan el grupo de factores sobre los que tenemos más evidencia acumulada y más capacidad de intervención individual.

No se trata de volvernos obsesivos con la salud. Se trata de saber qué variables están en juego.

Marcos salió del hospital al cuarto día. 

Después de un derrame que lo dejó sin poder hablar, sin poder mover el lado derecho del cuerpo, con la mirada desviada… 

Noventa días después: ya tenía una vida normal.

No todas las historias terminan así. Pero las que terminan bien suelen tener algo en común: alguien que reconoció, actuó, y no esperó a estar seguro.

Hoy, tú ya sabes hacer eso.

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Si quieres seguir inclinando las probabilidades a tu favor con la hipertensión y la salud de tus vasos sanguíneos… te cuento que hay un alimento que la evidencia sugiere podría ser más efectivo que comprar suplementos de óxido nítrico para este objetivo. Y probablemente ya lo tienes en tu cocina. Te invito a revisar conmigo la evidencia.

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Referencias

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