Carrie Fisher murió a los 60 años, el 27 de diciembre de 2016. Cuatro días antes tuvo una emergencia médica 15 minutos antes de que su vuelo de Londres a Los Ángeles aterrizara. Un pasajero sentado cerca de ella informó de que había dejado de respirar; otro pasajero le practicó la reanimación cardiopulmonar hasta que llegaron los paramédicos. Se contactó con los servicios de emergencia de Los Ángeles cuando la tripulación informó de que había un pasajero que no respondía antes del aterrizaje. Carrie fue internada en un hospital y conectada a un respirador.
La oficina del forense del condado de Los Ángeles afirmó que no se pudo determinar la causa exacta de la muerte, pero la apnea del sueño y la acumulación de tejido graso en las paredes de las arterias figuraban entre los factores que contribuyeron a ella. Sí hay otros factores que se identificaron posteriormente como coadyuvantes, pero nos vamos a centrar en lo primero, porque la apnea de sueño es una condición que se estima afecta a casi mil millones de adultos en el mundo. Y la mayoría no lo sabe, porque se confunde con algo mucho más ordinario: roncar fuerte, dormir mal, estar cansado.
El problema es que mientras eso pasa, la evidencia sugiere que el cuerpo puede estar acumulando un daño silencioso en tejidos y órganos, noche tras noche, durante años.
Soy Cinthia Reyes, y hoy te cuento por qué roncar fuerte puede ser la señal que tu cuerpo lleva años dándote sin que nadie te la haya traducido.
Empecemos por separar dos cosas que solemos confundir: roncar y tener apnea.
Roncar es el ruido. La apnea obstructiva del sueño es lo que puede estar pasando detrás de ese ruido: tus vías aéreas se cierran, el aire deja de entrar, y tu cuerpo se queda sin oxígeno durante varios segundos que se repiten, noche tras noche. Vale la pena que sepas exactamente qué es lo que está pasando, porque esa diferencia, entre un ruido molesto y una interrupción real de oxígeno, es la misma diferencia entre una mala costumbre y el tipo de proceso que, con los años, puede terminar dañando tu corazón.
Durante el sueño, los músculos de la garganta se relajan, como los de todo el cuerpo. En la mayoría de las personas eso no es un problema: el espacio por donde pasa el aire sigue abierto. Pero en la apnea obstructiva, ese mismo relajamiento hace que el tejido blando de la garganta colapse y bloquee el paso del aire. La respiración se detiene. En español: durante esos segundos no entra oxígeno nuevo a tu cuerpo, y el nivel de oxígeno en tu sangre empieza a caer. Esto puede durar diez segundos o hasta más de un minuto. Y puede repetirse, en los casos más severos, varias decenas de veces por noche.
Lo que hace a esto particularmente silencioso es que quien duerme casi nunca recuerda ninguno de esos micro-despertares. Para él o ella, simplemente durmió, si acaso identifica que durmió mal o no sabe por qué despierta con cansancio a pesar de haber dormido lo que esperaba que fueran suficientes horas.
Vale la pena aclarar que existen dos formas de apnea. La más frecuente es la obstructiva que acabamos de describir. La otra es la central, donde el problema no está en la vía aérea sino en la señal: el cerebro simplemente no manda la instrucción de respirar. Hoy nos vamos a concentrar en la obstructiva, que es la forma que concentra la mayor parte de la evidencia disponible.
En términos generales, hablamos del tipo de condición que la oficina del forense de Los Ángeles identificó entre los factores que contribuyeron a la muerte de Carrie Fisher. Y las consecuencias, como vamos a ver, van mucho más allá del cansancio.
Ahora bien, si esos episodios pueden pasar sin que los sientas ni los recuerdes… ¿por qué importan tanto? La respuesta está en lo que le ocurre al cuerpo cada vez que el oxígeno cae, y en lo que sucede cuando eso se repite cientos de veces durante años.
Cada una de esas pausas de oxígeno no es un evento aislado: tu cuerpo lo interpreta como una amenaza. Y reacciona como tal. Por un lado, se activa tu sistema nervioso simpático, el mismo que dispara la respuesta de pelea o huida: libera hormonas de estrés y eleva tu presión arterial de forma abrupta. Por el otro, ese cierre repetido genera estrés oxidativo e inflamación en las paredes de tus vasos sanguíneos, el mismo tipo de daño que, con los años, contribuye a la aterosclerosis.
En esta investigación realizada con ratones, se les expuso a caídas repetidas de oxígeno durante el tiempo que normalmente dormían. Con el tiempo, los ratones expuestos mostraron presión arterial más alta, función cardiaca alterada, arterias menos flexibles y mayor mortalidad que los que no fueron expuestos a esta forma simulada de apnea.
Y esto coincide con lo que se ha encontrado en personas. Por ejemplo, este estudio publicado desde 2009, que siguió a más de 1,500 personas durante años, encontró que quienes tenían apnea severa sin tratar presentaron una mortalidad por todas las causas, tres veces mayor que quienes no la sufrían. Además de aumentar el riesgo de hipertensión, accidentes cerebrovasculares y depresión.
Más recientemente, en esta revisión de distintos estudios, se identificó que la evidencia asocia la apnea obstructiva con enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular y fibrilación auricular.
Vale la pena aclarar que todos estos son estudios observacionales. No prueban, por sí solos, que la apnea cause directamente todos estos problemas. Muestran una asociación que se repite, en distintas poblaciones y con distintos métodos, y eso le da peso a la evidencia, aunque no cierre el caso por completo.
Lo que esto sugiere es que cada noche sin diagnóstico puede ser otra noche en que el cuerpo acumula un daño que no se registra con síntomas visibles, hasta que el problema ya lleva años instalado.
Pero, ¿cómo saber si esto te está pasando a ti o a alguien cercano antes de correr al médico?
Hay señales que puedes observar tú, o que alguien que duerme contigo probablemente ya ha notado sin saber que eran relevantes. El problema es que, una a una, cada señal parece demasiado común como para preocuparte. Juntas, cuentan otra historia.
La señal más obvia es el ronquido intenso y persistente. Pero el ronquido asociado con la apnea es el que viene acompañado de pausas en la respiración. La persona deja de respirar… y después retoma el aire con un jadeo o un resoplido brusco. Algunas personas despiertan con una sensación de ahogo, aunque no siempre recuerdan que eso ocurrió.
Si no hay nadie a quien le puedas preguntar si te ha escuchado hacer eso hay otras pistas. La más frecuente es la somnolencia diurna excesiva: sentirte agotado durante el día a pesar de que, en teoría, dormiste suficiente. También dolor de cabeza al despertar, boca seca por las mañanas, irritabilidad o dificultad para concentrarte durante el día.
Hay un síntoma particular que puede confundirse fácilmente: la necesidad de levantarse a orinar 2 o 3 veces por la noche. Cuando el oxígeno en sangre cae varias veces, esto provoca la liberación de una hormona que aumenta la producción de orina.
Además, hay factores de riesgo que aumentan la probabilidad de sufrir estos episodios: exceso de peso corporal, cuello ancho, la edad. También es importante notar que los síntomas difieren un poco entre hombres y mujeres, las mujeres tienden a roncar menos sonoramente y tener episodios más cortos, pero pueden presentar más migraña, insomnio, síndrome de piernas inquietas, o ansiedad y depresión.
Ojo: este video no se trata de que te autodiagnostiques. Te estoy dando criterios que pueden ayudarte a decidir si vale la pena buscar a un especialista.
Si reconoces algunas de estas señales en ti o en alguien cercano, la sospecha merece tomarse en serio.
El siguiente paso sería un estudio específico que pueda confirmarlo o descartarlo.
El estudio se llama polisomnografía. Es el estándar para diagnosticar apnea de sueño. Te conectan sensores que miden actividad cerebral, movimientos oculares, oxigenación en sangre, flujo de aire, esfuerzo respiratorio y ritmo cardíaco. Todo al mismo tiempo, durante una noche.
Se realiza en un centro especializado de sueño, aunque en algunos contextos existe la opción de hacerlo con un dispositivo domiciliario simplificado.
Lo que el estudio determina es cuántos episodios de apnea o de reducción significativa del flujo de aire ocurren por hora. Ese número se conoce como índice de apnea-hipopnea. También registra qué tan bajo cae tu oxígeno durante esos episodios y si hay alteraciones en el ritmo cardíaco mientras ocurren.
Con esos datos, el especialista puede confirmar si existe apnea, establecer su severidad y definir el tratamiento adecuado. En casos de apnea moderada a severa, el tratamiento más frecuente es un dispositivo llamado CPAP, que mantiene tu vía aérea abierta con una corriente continua de aire mientras duermes.
Este no es un estudio que duela ni que requiera preparación compleja. Es, básicamente, dormir una noche conectado a sensores.
Debo agregar que aunque varios ensayos clínicos grandes han mostrado que el CPAP mejora la presión arterial, el ánimo, la calidad de vida y algunos marcadores cardiovasculares intermedios… hasta ahora, no hay estudios suficientemente grandes que concluyan que este equipo reduce contundentemente mortalidad. En parte porque mucha gente no es consistente en su uso, por ejemplo en este estudio en el que se siguió a más de 3000 pacientes con apnea por periodos de 5 años, se identificó que sólo entre el 50 y 60 % de ellos usaban el equipo de la manera recomendada.
Si tuviste razones para sospechar, ahora conoces el paso que la convierte en un dato concreto.
Roncar fuerte no es, por sí solo, una sentencia. Pero ignorarlo durante años, sin verificar qué hay detrás, puede tener un costo. Si algo de lo que escuchaste hoy te sonó familiar, no esperes y consulta con tu médico.
Si este video te ha dado información concreta para protegerte y proteger a otros, ¡suscríbete y comparte!
Además, te cuento que hay otro escenario cotidiano con una lógica muy similar: algo que millones de personas hacen sin consecuencias, hasta que el cuerpo llega a un punto del que ya no puede regresar solo. Te invito a ver el caso de Roberto, y a aprender a reconocer las señales antes de que sea demasiado tarde.
Recuerda que puedes apoyar la creación de contenido con donaciones mensuales. Gracias.
Referencias
Associated Press. (2017, 14 julio). Carrie Fisher died from sleep apnea and other factors, coroner says. The Guardian. https://www.theguardian.com/culture/2017/jun/17/carrie-fisher-died-from-sleep-apnea-and-other-factors-coroner-says
Badran, M., Puech, C., & Gozal, D. (2025). Prolonged intermittent hypoxia accelerates cardiovascular aging and mortality: insights from a murine model of OSA. Npj Aging, 11(1), 92. https://doi.org/10.1038/s41514-025-00283-4
Benjafield, A. V., Ayas, N. T., Eastwood, P. R., Heinzer, R., Ip, M. S. M., Morrell, M. J., Nunez, C. M., Patel, S. R., Penzel, T., Pépin, J., Peppard, P. E., Sinha, S., Tufik, S., Valentine, K., & Malhotra, A. (2019). Estimation of the global prevalence and burden of obstructive sleep apnoea: a literature-based analysis. The Lancet Respiratory Medicine, 7(8), 687-698. https://doi.org/10.1016/s2213-2600(19)30198-5
Dissanayake, H. U., Bin, Y. S., Sutherland, K., Ucak, S., De Chazal, P., & Cistulli, P. A. (2022). The effect of obstructive sleep apnea therapy on cardiovascular autonomic function: a systematic review and meta-analysis. SLEEP, 45(12). https://doi.org/10.1093/sleep/zsac210
Drager, L. F., McEvoy, R. D., Barbe, F., Lorenzi-Filho, G., & Redline, S. (2017). Sleep Apnea and Cardiovascular Disease. Circulation, 136(19), 1840-1850. https://doi.org/10.1161/circulationaha.117.029400
Eckert, D. J., & Malhotra, A. (2008). Pathophysiology of Adult Obstructive Sleep Apnea. Proceedings Of The American Thoracic Society, 5(2), 144-153. https://doi.org/10.1513/pats.200707-114mg
Hernández Puentes, J. S., Bastidas, A. R., Quintero, E. A. T., Acosta Otero, J. D., Leyton Franco, V., Castro Córdoba, J. D., López Nuñez, L. M., Lenhardt Guaqueta, I., Mora Vega, A., Martínez Sáenz, P. S., Faizal Gomez, C. K., Vaca Espinosa, M. C., Cardona Molina, C. F., Diaz Romero, G., & Rubio Noel, A. J. (2025). Positive Airway Pressure Therapies and Oxygen Therapy in Obstructive Sleep Apnea (OSA): 5-Year Survival. Journal Of Clinical Medicine, 14(24), 8647. https://doi.org/10.3390/jcm14248647
Javaheri, S., Barbe, F., Campos-Rodriguez, F., Dempsey, J. A., Khayat, R., Javaheri, S., Malhotra, A., Martinez-Garcia, M. A., Mehra, R., Pack, A. I., Polotsky, V. Y., Redline, S., & Somers, V. K. (2017). Sleep Apnea. Journal Of The American College Of Cardiology, 69(7), 841-858. https://doi.org/10.1016/j.jacc.2016.11.069
Lin, C. M., Davidson, T. M., & Ancoli-Israel, S. (2008). Gender differences in obstructive sleep apnea and treatment implications. Sleep Medicine Reviews, 12(6), 481-496. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2007.11.003
McKnight, M., & Maze, E. (2025, 11 diciembre). New study links untreated sleep apnea to premature cardiovascular aging and increased mortality. Marshall University, Joan C. Edwards School Of Medicine. Recuperado 20 de junio de 2026, de https://jcesom.marshall.edu/news/musom-news/new-study-links-untreated-sleep-apnea-to-premature-cardiovascular-aging-and-increased-mortality/
Pack, A. I., Platt, A. B., & Pien, G. W. (2008, 1 agosto). Does Untreated Obstructive Sleep Apnea Lead to Death? https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2542950/
Pintilie, A., Marcu, D. T. M., Zabara-Antal, A., Arcana, R., Iosep, D., Miron, M., Afloarei, C., Zabara, M., & Dabija, R. C. (2025). Sleep Apnea: The Slept-Upon Cardiovascular Risk Factor. Biomedicines, 13(10), 2529. https://doi.org/10.3390/biomedicines13102529
¿Qué es la apnea del sueño? | NHLBI, NIH. (2025, 3 febrero). NHLBI, NIH. https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/apnea-del-sueno
Rundo, J. V. (2019). Obstructive sleep apnea basics. Cleveland Clinic Journal Of Medicine, 86(9 suppl 1), 2-9. https://doi.org/10.3949/ccjm.86.s1.02
Takama, N., & Kurabayashi, M. (2009). Influence of Untreated Sleep-Disordered Breathing on the Long-Term Prognosis of Patients With Cardiovascular Disease. The American Journal Of Cardiology, 103(5), 730-734. https://doi.org/10.1016/j.amjcard.2008.10.035
Vrooman, O. P. J., Van Kerrebroeck, P. E. V., Van Balken, M. R., Van Koeveringe, G. A., & Rahnama’i, M. S. (2024). Nocturia and obstructive sleep apnoea. Nature Reviews Urology, 21(12), 735-753. https://doi.org/10.1038/s41585-024-00887-7
Wikipedia contributors. (2026, 17 junio). Carrie Fisher. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Carrie_Fisher
Yeghiazarians, Y., Jneid, H., Tietjens, J. R., Redline, S., Brown, D. L., El-Sherif, N., Mehra, R., Bozkurt, B., Ndumele, C. E., & Somers, V. K. (2021). Obstructive Sleep Apnea and Cardiovascular Disease: A Scientific Statement From the American Heart Association. Circulation, 144(3), e56-e67. https://doi.org/10.1161/cir.0000000000000988
Young, T., Palta, M., Dempsey, J., Peppard, P. E., Nieto, F. J., & Hla, K. M. (2009, 1 agosto). Burden of Sleep Apnea: Rationale, Design, and Major Findings of the Wisconsin Sleep Cohort Study. https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2858234/