Este es un caso real.
Eran las cuatro de la tarde cuando sus hijos llegaron de la escuela. La casa tenía un olor penetrante… intenso. Puertas y ventanas estaban cerradas. La encontraron en el baño de su recamara. De rodillas. La cara apoyada en la alfombra. Tenía puestos guantes de hule, y en una mano todavía sostenía un trapo de limpieza.
Junto al inodoro había un recipiente de plástico con un líquido turbio… de olor penetrante. Sobre la secadora, en el cuarto de lavado, estaban los dos productos que ella había usado esa mañana… y que probablemente tengas en casa también tú.
El olor era tan fuerte que hacía arder los ojos.
Soy Cinthia Reyes, y antes de contarte qué encontraron en ese recipiente, quiero que pienses en algo: hablamos de alguien que simplemente estaba limpiando su baño, como lo hace cualquier persona un martes por la mañana, con productos que quizás hasta tú tienes bajo el fregadero.
El líquido con el que trabajaba la mujer era el resultado de mezclar dos productos de limpieza muy comunes: uno con cloro, y otro con amoniaco. Cuando se combinan, generan un gas llamado cloramina. Y este gas tiene una característica que lo hace particularmente peligroso: puede llegar hasta los alvéolos de tus pulmones, que es donde el oxígeno entra a tu sangre.
Al inhalar este compuesto, suceden dos reacciones simultáneas… ambas con capacidad destructora.
Por un lado, la cloramina reacciona con la humedad de las vías respiratorias y se descompone liberando ácido clorhídrico y radicales libres. Por el otro, la cloramina se descompone liberando amoniaco y ácido hipocloroso, que a su vez, por ser un compuesto inestable, se descompone en ácido clorhídrico y genera más radicales libres de oxígeno .
Cuando nos exponemos a una baja concentración de cloraminas, esta provoca una irritación leve. Pero en altas concentraciones, en espacios mal ventilados, la liberación de ácido clorhídrico, amoniaco y radicales libres puede provocar efectos corrosivos e incluso lesiones a nivel celular.
La autopsia de esta mujer de 35 años encontró algo más: un tumor cerebral pequeño del que ella no tenía idea. Dos años antes había tenido una convulsión mientras dormía, pero los estudios en ese momento no mostraron nada concluyente.
Entonces, ¿qué fue lo que la llevó a ese fatal desenlace? Los forenses plantearon tres posibilidades. Pudo haber sido el gas por sí solo que la asfixiara, impidiendo que sus alveolos captaran oxìgeno. Considera que, además de que puertas y ventanas estaban cerradas en la casa, ella se encontraba en un cuarto de baño semicerrado, donde la concentración de la cloramina pudo llegar a ser excesiva. Otra posibilidad es que el gas, aunado a su tumor cerebral, provocaran una convulsión demasiado severa. La tercera posibilidad es que el gas la incapacitara lo suficiente como terminar en una posiciòn que empeorara la asfixia.
Las tres posibilidades nos llevan al mismo punto: El primer caso documentado de un fallecimiento derivado de la mezcla de productos de limpieza con cloro y amoniaco.
Cloro con amoniaco no es la única mezcla que puede generar un gas peligroso en tu casa. Hay otra, probablemente igual de común.
Este otro, es el caso de una mujer de 43 años que mezcló vinagre de arroz con un blanqueador que contenía hipoclorito de sodio. Hizo la mezcla en una bolsa de plástico, e inhaló el gas directamente varias veces. Reportó haber sentido dolor desde la garganta hasta el pecho, dificultad para respirar y tos, por lo que dejó de respirar estos vapores.
Paréntesis aclaratorio: El ácido acético del vinagre, al reaccionar con el hipoclorito, libera cloro gas. El cloro gas es altamente reactivo y tóxico, capaz de dañar directamente las células de los alvéolos. Este gas, al mezclarse con la humedad de las vías respiratorias, igual que las cloraminas, puede generar ácido clorhídrico e hipocloroso. De tal suerte que la exposición al cloro gas puede provocar quemaduras graves, insuficiencia respiratoria grave y afectar las mucosas de la nariz, boca y pulmón. De hecho, hay registros históricos que mencionan que este compuesto comenzó a ser utilizado como arma química en 1915.
Regresando al caso clínico:
Dado que al día siguiente la mujer seguía con dificultades respiratorias, acudió al hospital, donde fue admitida. Su oxigenación no era adecuada por lo que se le suministró oxígeno.
Las pruebas de imagen revelaron signos de lesión de las vías respiratorias, mismas que mostraban un patrón asociado con inflamación en las vías aéreas más pequeñas: bronquiolos y sí, otra vez los alvéolos. Un lavado bronquial reveló que más de una cuarta parte de las células presentes eran neutrófilos, células que el cuerpo envía primero cuando hay un daño agudo en el tejido.
La paciente requirió mantenerse en atención hospitalaria por 6 días antes de darle el alta.
Una mujer murió. La otra salió caminando del hospital seis días después. Ambas inhalaron un gas generado por productos de limpieza comunes, pero hay otras variables que pueden modificar el desenlace: cuánto tiempo respiras ese gas, en qué espacio, y qué tan concentrado está.
El cloro reacciona con más de un compuesto que probablemente tienes en casa.
Cloro con amoniaco. Cloro con vinagre, o con cualquier otro ácido. Y hay una tercera que vale la pena mencionar: cloro con alcohol, que puede generar cloroformo y otros compuestos clorados.
Si llegaste hasta aquí, probablemente no sólo te gusta entender las cosas, te gusta ayudar a otros a entender. Si alguna vez has pensado en crear tu propio contenido educativo, tengo en oferta una herramienta que te guía a través del problema que paraliza a la mayoría: no saber a quién le estás hablando. El enlace está en la descripción.
Volviendo al tema: ese olor característico de las albercas… no es lo que crees. Es una mezcla de cloraminas, ya que estos compuestos también se forman al mezclar el cloro con el amoniaco de los orines y sudor. De hecho, se estima que entre más fuerte huela la piscina menos cloro como tal en ella para eliminar las bacterias. Y si hay un fuerte olor, quizás no deberías meterte al agua.
Los CDC de Estados Unidos aclaran que las cloraminas presentes en el agua se evaporan y pueden acumularse en el aire justo sobre la superficie, si la ventilación del lugar es insuficiente, ya que son compuestos más pesados que el aire. Esta acumulación se ve favorecida además con la agitación de la superficie, por el movimiento de los nadadores, por ejemplo.
Por otro lado, el riesgo de intoxicación por inhalación no es exclusivo de las mezclas. Los productos de limpieza que incluyen desinfectantes, abrillantadores o el propio cloro liberan compuestos orgánicos volátiles al aire durante su uso. En un baño pequeño, con la puerta cerrada y sin ventilación, esos compuestos se acumulan… aunque estés usando un solo producto.
Una buena ventilación aplica siempre, no solo cuando combinas productos. Si vas a realizar labores de limpieza en un espacio cerrado, abre una ventana, enciende el extractor o ambos.
Probablemente has vivido la exposición a este tipo de sustancias muchas veces en tu vida, quizás hasta sin saberlo. Es verdad que la gran mayoría de las exposiciones cotidianas terminan en síntomas leves: ardor en los ojos, irritación de garganta, tos. Justo esa levedad inicial hace que la gente siga limpiando en lugar de salir del espacio.
Pero hablamos de un espectro de potenciales consecuencias.
En este análisis se analizaron los reportes de exposición a gas de cloro y cloraminas en Estados Unidos del 2015 al 2022. Del total de casos analizado, el 0.03 % resultó en fallecimiento. Mientras que el 1.02 % requirió hospitalización en cuidados no intensivos y el 0.73 % requirió de cuidados intensivos.
Si te expones a estos gases, ventila y sal al exterior.
Si después de salir de la zona notas que la dificultad para respirar no mejora o va en aumento, puede ser síntoma de que el gas llegó más profundo de lo que los síntomas iniciales sugerían: busca atención médica de inmediato.
Los productos de limpieza que tienes en casa NO deben mezclarse: al hacerlo puedes generar compuestos mucho más peligrosos que cualquiera de ellos por separado. Y en todos los casos, ventila. Siempre.
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Referencias
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