3 Errores detrás del MIEDO a los Microplásticos (y qué sí cuidar en tu cocina)

¿Comes el equivalente a una tarjeta de crédito a la semana en microplásticos?

Quizás llegaste a escuchar esta frase o hasta la compartiste en redes sociales. Déjame comenzar por aclarar que ese número nunca fue una medición directa. Era una estimación con un rango tan amplio que otros científicos lo refutaron casi de inmediato señalando errores severos.

Pero eso no es todo. En los últimos meses, el campo entero de los microplásticos ha recibido golpes metodológicos que ponen en duda buena parte de lo que se ha reportado.

Soy Cinthia Reyes, y hoy te cuento por qué la evidencia más alarmante era más débil de lo que parecía… qué sí está confirmado, y qué tiene sentido cuidar en tu cocina hoy.

Esta idea de que cada semana ingieres en plástico el equivalente a una tarjeta de crédito salió de un análisis específico. ¿Cuál es el problema?

Aquí, se trató de calcular cuánto plástico ingresa en promedio al cuerpo de una persona, sumando lo que comemos, bebemos y respiramos. Hablamos de estimaciones. Concluyeron con un rango: entre 0.1 y 5 gramos por semana.

Pero ojo: esto de cuánto microplástico podríamos absorber por cada vía no vino de mediciones directas. No le sacaron plástico del cuerpo a nadie. Las estimaciones se basaban en una serie de supuestos.

Ahora, en el rango que estableció ese estudio, 0.1 y 5 gramos, el valor más grande del rango es 50 veces más grande que el valor más pequeño. Eso significa que no hay un “alto nivel de precisión”. Es como decir que tu casa mide de frente entre 2 y 100 metros. Si te dicen eso, realmente no te están dando mucha información, ¿o sí?

La cuestión es que de este rango tan amplio, el dato que más se difundió fue el extremo más alto… que razonablemente es el equivalente en peso de una tarjeta de crédito.

Pero si tomas el extremo más alto de un rango muy amplio, la probabilidad de que ese número refleje la realidad, es baja. Hablamos de que estamos eligiendo, casi por definición, un valor atípico, un outlier.

Otros científicos revisaron esa estimación. Por ejemplo podemos ver en este otro análisis donde se concluye algo todavía más incómodo: 

El cálculo que obtienen por día de lo que quizás acumulamos de microplásticos en el cuerpo está en nanogramos, En una semana, la acumulación de microplásticos aproximada sería de unos 4000 nanogramos.

Esta cantidad es más de un millón de veces más pequeña que la famosa tarjeta de crédito.

Ahora, quizás te preguntes… si estos valores detrás de la idea de la tarjeta de crédito eran tan poco fiables, ¿por qué durante años seguimos viendo preocupación por los resultados de estudios que medían microplásticos en diversas fuentes?

Hay otro problema metodológico que a la gran mayoría de investigadores del área les había pasado de noche… y estaba justo en sus manos.

Madeline Clough, estudiante de posgrado en la Universidad de Michigan, se topó con esto casi por accidente. 

Una práctica estándar que casi todos los que alguna vez hemos entrado a hacer cosas en el laboratorio hemos seguido, es utilizar guantes de nitrilo o látex para manipular las muestras. El objetivo es, por un lado, evitar contaminar las muestras… y por el otro, no intoxicarte tú al absorber algo con tu piel.

Pero Madeline encontró algo en sus resultados que no cuadraba… y decidió hacer algo que, sorprendentemente, no se había considerado antes: probar si los propios guantes estaban dejando partículas en las muestras. 

Probó siete marcas distintas. Tres de látex, tres de nitrilo, y una de nitrilo especial para cuarto limpio. Presionó cada guante contra una superficie limpia con una presión controlada. Y después analizó lo que quedó.

En los guantes estándar, encontró en promedio 2,000 partículas por cada milímetro cuadrado que, aunque ella sabía que NO eran microplásticos, la técnica de espectroscopía identificaba como si lo fueran. Los guantes de cuarto limpio, dejaron 100 partículas por cada milímetro cuadrado. La diferencia es enorme, pero el punto es que todos los guantes dejaron partículas que engañaron la medición.

Sucede por un lado que los guantes llevan un recubrimiento de estearato, un lubricante que se usa en su fabricación. 

Y por el otro, la técnica que se usa en este campo es la espectroscopía vibracional. 

El problema es que con esta técnica, la firma del estearato es demasiado parecida a la del polietileno, el plástico más abundante en el planeta.

Eso significa que el equipo de medición no puede distinguir entre estos dos compuestos.

En español: el protocolo que usaban los científicos para evitar la contaminación de sus muestras… era de hecho, una fuente de contaminación.

Lo triste del asunto es que… alguien ya había levantado la mano respecto a este problema.

En 2020, en este estudio ya se había identificado esencialmente la misma advertencia. De hecho, hasta en el resumen lo explicaron con dibujitos.

Y no es como que nadie haya leído el artículo, otros 146 artículos científicos han citado este análisis de alguna manera… pero no logró tener suficiente influencia.

Madeline confirmó este punto ciego… hablamos de un problema sistémico, no de un accidente aislado.

Una parte de lo que se ha reportado como microplástico en estudios de laboratorio probablemente nunca fue plástico. Eran residuos del instrumento de protección que los investigadores tenían puestos en las manos.

Pero los guantes no son el único problema. Hay otra técnica de laboratorio muy usada en este campo que tiene una falla igual de grave… que hace poner en duda titulares todavía más preocupantes.

En febrero de 2025, la revista Nature Medicine publicó un estudio que encontró plástico en tejido cerebral humano. Reportaban que el promedio de sus mediciones era de 4,917 microgramos de plástico por cada gramo de cerebro. Eso es más o menos como decir que casi 0.5 % de tu cerebro podría ser plástico.

Pero ojo: la técnica que se usó para llegar a ese número tiene esencialmente el mismo tipo de punto ciego que encontramos con los guantes.

La técnica se llama pirólisis acoplada a espectrometría de masas. 

En español: quemas una muestra a temperaturas muy altas y analizas qué gases produce,  para inferir qué compuestos tenía tu muestra. El problema es que cuando la grasa se quema, se descompone en fragmentos que el equipo puede leer, otra vez, como si fueran polietileno. Hablamos de otro material y otra técnica, pero el mismo tipo de confusión.

Y el problema aquí es que el cerebro es uno de los órganos con mayor contenido de grasa en todo el cuerpo humano. 

También en este caso, encontramos estudios como este donde ya se había señalado que esta técnica no era ideal porque identificaba como polietileno a compuestos que no lo eran. 

Aunque para ser justos… este otro análisis trabajó con muestra de sangre.

Pero el punto es que el estudio que nos escandalizó reportando casi 0.5 % de plástico en el cerebro utilizó una técnica que NO distingue bien la grasa del órgano que está midiendo del plástico que dice estar encontrando.

Hasta aquí llevamos 3 problemas serios: un estudio con un rango de estimación exageradamente amplio y cuyos valores se ubicaban mucho muy por encima de los sugeridos en otros estudios; luego los guantes de laboratorio que dan falsos positivos “contaminando la muestra”; y ahora grasa cerebral que el equipo no logra distinguir de polietileno. 

 Tres problemas metodológicos distintos, en tres niveles diferentes.

Y yo sé que habrá gente que escuche esto y piense: ¿Ya ven? Por eso no se puede confiar en la ciencia, un día dicen una cosa y al otro se contradicen… Pero por el contrario… la principal fortaleza de cómo se trabaja en estos campos es que TODO está sujeto a revisión y puede ser corregido y mejorado.

Dicho esto, hay una diferencia entre señalar estos problemas… y decir que los microplásticos no existen en nuestro cuerpo.

Entonces, ¿qué hago con todo esto? ¿Debo seguir cuidando mi ingesta potencial de microplásticos?

Sabemos que sí, se han detectado microplásticos en el aire, el agua, el suelo, en nuestros alimentos y en el polvo doméstico. 

También sabemos que pueden entrar al cuerpo por vía de inhalación, ingestión o absorción por la piel. Aunque al menos los de mayor tamaño probablemente puedan ser excretados. 

Y sabemos que, en dosis altas, en laboratorio, causan daño… Estudios con células han descrito efectos como inflamación, estrés oxidativo, citotoxicidad, efectos inmunitarios y cambios reproductivos o metabólicos. 

Pero el efecto de una alta dosis aplicada a una célula no es idéntico al efecto que tendría en otras dosis en una persona completa… y me parece que esto último aún no lo tenemos claro como sí sucede respecto a sustancias como los ftalatos, los PFAS o el BPA.

En otras palabras, aunque sabemos que hay un riesgo, no estamos todavía seguros de en qué dosis, tamaño y forma del microplástico nos dan problemas de salud.

Mientras llegamos al punto de poder responder esa pregunta, hay cosas concretas que puedes hacer, porque justo como dije antes, aún si los microplásticos no los tenemos tan claros… sustancias como el BPA sí tenemos muy claras sus afectaciones. Y los cuidados para uno y otro, razonablemente coinciden.

Primero: Evita calentar comida directamente en recipientes de plástico. El calor facilita que las partículas se desprendan. 

Segundo: Evita reutilizar plástico una y otra vez, sobre todo el plástico suave, como las botellas de agua. Un uso y al reciclaje. O mejor aún, siempre que puedas, evita comprar bebidas en este tipo de recipientes.

Tercero: En lo posible, prefiere recipientes de vidrio o metal… especialmente si vas a guardar algo caliente. 

En México tenemos la malísima costumbre de utilizar los recipientes, por ejemplo, de la crema para luego usarlos de almacén de los frijoles calientes. 

No se trata de vivir con miedo. Son ajustes pequeños, basados en lo que sí sabemos con certeza… y en lo que tú puedes decidir cada día, aunque no haya una tarjeta de crédito de por medio. 

Ahora, mencioné que conviene preferir vidrio o metal para calentar tus alimentos… pero incluso ahí hay un punto ciego que no te he contado.

Resulta que algunos envases etiquetados como «seguros para microondas» podrían liberar microplásticos al calentarse, algo que ni siquiera se evaluó al asignarles esa etiqueta. Y esa no es la única fuente de contaminación escondida en tu cocina.

Te invito a ver este video donde reviso qué hay realmente detrás de esa etiqueta, por qué el aire dentro de tu casa puede estar más contaminado que el de la calle, y por qué probablemente puedas deshacerte de la mitad de tus productos de limpieza.

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Referencias:

Danopoulos, E., Twiddy, M., West, R., & Rotchell, J. M. (2021). A rapid review and meta-regression analyses of the toxicological impacts of microplastic exposure in human cells. Journal Of Hazardous Materials, 427, 127861. https://doi.org/10.1016/j.jhazmat.2021.127861 

Nihart, A. J., Garcia, M. A., Hayek, E. E., Liu, R., Olewine, M., Kingston, J. D., Castillo, E. F., Gullapalli, R. R., Howard, T., Bleske, B., Scott, J., Gonzalez-Estrella, J., Gross, J. M., Spilde, M., Adolphi, N. L., Gallego, D. F., Jarrell, H. S., Dvorscak, G., Zuluaga-Ruiz, M. E., . . . Campen, M. J. (2025). Bioaccumulation of microplastics in decedent human brains. Nature Medicine, 31(4), 1114-1119. https://doi.org/10.1038/s41591-024-03453-1 

Nor, N. H. M., Kooi, M., Diepens, N. J., & Koelmans, A. A. (2021). Lifetime Accumulation of Microplastic in Children and Adults. Environmental Science & Technology, 55(8), 5084-5096. https://doi.org/10.1021/acs.est.0c07384 

Pletz, M. (2022). Ingested microplastics: Do humans eat one credit card per week? Journal Of Hazardous Materials Letters, 3, 100071. https://doi.org/10.1016/j.hazl.2022.100071 

Rauert, C., Charlton, N., Bagley, A., Dunlop, S. A., Symeonides, C., & Thomas, K. V. (2025). Assessing the Efficacy of Pyrolysis–Gas Chromatography–Mass Spectrometry for Nanoplastic and Microplastic Analysis in Human Blood. Environmental Science & Technology, 59(4), 1984-1994. https://doi.org/10.1021/acs.est.4c12599 

Senathirajah, K., Attwood, S., Bhagwat, G., Carbery, M., Wilson, S., & Palanisami, T. (2020). Estimation of the mass of microplastics ingested – A pivotal first step towards human health risk assessment. Journal Of Hazardous Materials, 404(Pt B), 124004. https://doi.org/10.1016/j.jhazmat.2020.124004 

Witzig, C. S., Földi, C., Wörle, K., Habermehl, P., Pittroff, M., Müller, Y. K., Lauschke, T., Fiener, P., Dierkes, G., Freier, K. P., & Zumbülte, N. (2020). When Good Intentions Go Bad—False Positive Microplastic Detection Caused by Disposable Gloves. Environmental Science & Technology, 54(19), 12164-12172. https://doi.org/10.1021/acs.est.0c03742 

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