En varias ciudades se han encontrado materia y patógenos fecales en el agua que llega a las casas. Autoridades de salud locales han llegado a decir que no es apta ni para lavarte los dientes.
Pero cuando se ve así, uno pensaría que nadie se la va a tomar, ni la va a usar para cocinar o para sus mascotas… lo que me inquieta más, entonces, es qué contaminantes traerá cuando aparentemente es transparente, y es más fácil confiarse. Porque “transparente” y “potable” son cosas distintas.
Para saber si el agua que recibimos realmente es segura, tendríamos que hacer análisis de laboratorio en distintos momentos. De distintas partes de la red. Es decir, tendríamos que hacer el trabajo que le corresponde a la autoridad.
En lugar de eso, muchos hemos optado por colocar filtros en casa.
Soy Cinthia Reyes, y hoy te cuento qué instalé yo, sabiendo de antemano que tampoco era ninguna garantía y por qué esto también te incumbe a ti.
Hay un riesgo que persiste incluso después de instalar un filtro o cualquier sistema de potabilización:
El agua puede verse transparente y aun así traer contaminantes que no cambian su color ni su olor. Metales, nitratos, bacterias…
Eso es exactamente lo que hace difícil saber si tienes un problema: la apariencia del agua no está conectada con su seguridad.
Y el detalle principal es que un sistema casero puede estar perfectamente tipificado respecto a qué contaminantes es capaz de retener y bajo qué supuestos… pero si no sabemos a partir de datos reales, de análisis laboratoriales, qué calidad de agua ingresa a ese sistema, es imposible adivinar qué calidad de agua obtenemos.
Y peor aún, porque lo que llega a tu tinaco o cisterna no es constante. Los contaminantes que llegan varían en el tiempo.
Sin medir, no hay forma de saber qué estás reteniendo, o si lo retienes en concentraciones suficientes. Tu sistema trabajará, sí… pero a ciegas.
Ahora, yo no soy experta en tratamiento de aguas… pero aun si lo fuera, tampoco podría responder estas dudas sin análisis de laboratorio. Desde esta perspectiva, si un vendedor te asegura que un filtro te va a resolver todos los problemas, valdría la pena pedirle los análisis que demuestran eso que te está diciendo, hechos precisamente en la zona en la que tú vives.
Sin certezas basadas en evidencia laboratorial, cualquier sistema que instales no es una solución. Es una apuesta.
Y probablemente el filtro más popular de todos, podría estar provocando el efecto contrario al que esperas.
El filtro de carbón activado se utiliza por su capacidad de adsorber o retirar el cloro del agua, así como algunos sabores desagradables. De hecho, es muy bueno haciendo eso… y ese es el problema.
El cloro no está en el agua por accidente. En la última fase que se lleva a cabo en las plantas de potabilización de agua masiva se realiza una desinfección. Aquí es usual que se deje un excedente de cloro como una forma de protección contra patógenos que puedan ingresar al agua mientras viaja por diversas tuberías y se almacena en el tinaco. Este cloro podría decirse que es tu última línea de defensa.
Además, el carbón activado NO puede retirar virus, bacterias, nitratos, fluoruros, calcio o magnesio. Con estos contaminantes… tener un filtro de carbón activado y no poner nada… es básicamente lo mismo.
Estos filtros se han recomendado bastante para la cocina, porque la expectativa es que ahí el agua se consuma rápidamente. Pero si pones ese mismo filtro antes de tu tinaco, donde vas a almacenar el agua por días y si algo la contamina, ya no tienes nada que pueda detener el problema.
Más allá del carbón activado, hay una variable que he visto muy poco mencionada en la publicidad de los filtros caseros. Y no entenderla podría dejarte, literalmente, sin agua.
Los filtros funcionan como la coladera con la que cuelas tu jugo en la mañana. Hay coladeras de poros grandes y coladeras de poros finos. Entre más pequeño el poro, más chico es lo que logra detener.
Y podrías pensar: compro el filtro más fino que exista, y listo. Pero en la práctica esto puede ser problemático.
Sigamos con la idea de la coladera y el jugo. Conforme el bagazo se va colectando, puedes notar que en lugar de un flujo continuo, comienzas a obtener menos y menos… hasta que solo obtienes unas gotas… Esto sucede porque el material retenido puede también obstruir el paso, comportándose como si fuera parte de la coladera.
En algún momento, irremediablemente, el flujo que obtienes es demasiado bajo para ser práctico.
Hay que retirar el bagazo de la coladera.
Y ahí está el problema: si tu agua llega muy sucia y solo colocas un filtro de poro fino, corres el riesgo de que se tape demasiado pronto. Si no te das cuenta a tiempo, te quedas sin agua.
Hay un segundo problema potencial. Un filtro de poro fino, por su propia naturaleza, deja pasar menos agua por minuto que uno de poro más abierto. Si tu consumo diario es alto y tu almacenamiento es limitado, también podrías terminar sin agua en algún momento del día.
La variable con la que elegimos entre un filtro con poro abierto o uno más fino, se le llama coloquialmente “micras”. Un filtro de 50 micras deja pasar más partículas. Uno de 5 micras filtra mucho más fino, pero se puede tapar más rápido que uno de 50 micras con la misma superficie de filtrado.
Me parece que en muchos casos la recomendación general que se nos da como posibles clientes es, cuando mucho, simplemente poner un filtro de 50 micras para no complicarse con que el flujo en un filtro más fino sea menor. De hecho, el filtro que me parece que se vende usualmente junto con los tinacos de marca conocida es precisamente de 50 micras, podríamos decir que este es el “estándar del mercado” y requiere cambio de cartucho regular.
Pero si ya instalaste un filtro de estos o alguno de tus vecinos, probablemente ya concluiste que “no sirvió”.
No es que hayas decidido mal cuando quisiste proteger tu salud. Es que resolver este tema de forma definitiva es más complejo.
Antes de llegar a lo que yo instalé, vale la pena conocer otras opciones que existen. Porque hay más de una… y cada una tiene un precio que no siempre se menciona.
La primera alternativa al cartucho desechable es un filtro con función de retrolavado. La ventaja: no tienes que comprar constantemente cartuchos nuevos. La desventaja: retrolavar literalmente significa desechar una buena cantidad de agua, que se lleve consigo todo lo que ese filtro ya había atrapado adentro.
Hay uno en particular que me parece que se ha vuelto muy popular en los últimos meses: un filtro de discos, lavable y pequeño, de la misma marca famosa de los tinacos. El problema es que es más o menos equivalente a un filtro de 130 micras. Esto significa que es como una coladera más abierta que el filtro estándar. Deja pasar más sedimento.
Si buscas algo más sofisticado, en la industria alimenticia se utilizan equipos que combinan filtros, ósmosis inversa y luz ultravioleta. Estos sistemas logran detener metales, materia orgánica y patógenos. Pero tiene su propio costo, literal.
Para empezar, un sistema que opere de manera muy eficiente, por cada tres litros de agua que purifica, en el mejor de los casos desecha uno. Esa agua puede reutilizarse, pero la logística de hacerlo puede ser complicada.
Además, este sistema necesita presión mínima para funcionar y eso puede implicar comprar una bomba adicional.
Por otro lado, es difícil garantizar en entornos caseros que la lámpara germicida de estos sistemas funcione de manera óptima.
Finalmente, si les alimentas una cosa exageradamente sucia o con cloro, probablemente necesites un sistema de pretratamiento para evitar que la membrana semipermeable se dañe demasiado pronto. La membrana de la ósmosis inversa, sí o sí, debe sustituirse regularmente también.
No hay tecnología que puedas instalar y olvidarte. Cada una cobra su precio de otra forma.
Entonces, ¿qué instalé yo?
Coloqué dos portafiltros en serie. El primero, con el cartucho “estándar” de 50 micras para retener lo más grueso. El segundo, con un cartucho polyspun de 5 micras, filtra mucho más fino y atrapa lo que el primero deja pasar.
Es la misma lógica de la coladera: en vez de una sola muy fina que se tapa de inmediato, primero pasas el agua por una abierta que retiene el bagazo grande, y después por una más cerrada que atrapa lo que se coló. Así, la segunda no recibe toda la carga de golpe.
Pero hay varias cosas que tienes que tener claras.
Cada accesorio y tramo de tubería que agregas a tu red implica una pérdida de presión. Eso también pasa con cada filtro. Si hoy el agua te sube sola hasta el tinaco, después de instalar dos filtros podrías necesitar una bomba.
Igual que con una coladera fina, el flujo que atraviesa es más bajo que con una abierta. Si tu consumo es alto y tu almacenamiento limitado, existe el riesgo de que en algún momento del día te quedes sin agua. En mi caso, calculé para una situación extrema… si obtuviera un flujo como el de un filtro de cocina y considerando el consumo diario que tenemos, de todas maneras el tinaco se rellenaría sin problema en una noche. Pero ese fue mi caso, tendrías que hacer el análisis tú para tu situación y consumo.
Por otro lado, entre más grande la superficie filtrante, independientemente de las micras, en teoría, más fluido puedes obtener… yo elegí lo más económicamente accesible, así que mis filtros son de 10 pulgadas nada más, pero ese no tiene por qué ser tu criterio.
Pero mucho cuidado. Este tipo de filtro es de sedimentos. NO retienen virus ni bacterias. Si tu agua llega con patógenos, esto NO te protege de ellos.
Ahora, algunas personas asumen que el cartucho se cambia solo cuando el flujo baja porque eso significa que ya se tapó. Eso es una señal, pero no la única. También hay que cambiarlo por tiempo transcurrido, por un cambio en el olor o el sabor del agua, o si sabes que a tu red llegó agua especialmente sucia.
Después de colocar estos filtros, no he vuelto a ver sedimento en mi tinaco. Eso sí te lo puedo decir. Lo que no puedo decirte es si el agua que obtengo es potable, porque no he hecho un análisis de contaminantes… ni antes de ponerlos, ni ahora.
Lo que yo instalé no es lo ideal ni es lo más correcto de hacer. Fue lo más razonable y económicamente viable que consideré con la información que tenía.
Pero el proceso para tener agua potable en casa ya existe y funciona. La pregunta que deberíamos hacer en voz alta es por qué no llega así.
La potabilización a gran escala no es ciencia ficción. Las plantas de tratamiento capaces de abastecer a una ciudad completa trabajan por etapas. Primero, arena y grava, para retirar la basura grande. Después, se agregan sustancias que aglutinan los contaminantes, para que se sedimenten y se puedan retirar. Y al final, desinfección con luz ultravioleta, ozono o cloro, para exterminar lo que quede, patógeno o no.
Esto no es una tecnología nueva. Es, literalmente, lo que debería garantizar que tengamos agua potable en casa.
Aunque si pusiste atención al diagrama que te acabo de mostrar, habrás notado que el proceso típicamente inicia con una fuente de agua natural, ordinaria… no agua residual.
Quienes vivimos en la Zona Metropolitana de Guadalajara recibimos agua de distintas fuentes. Más del 50 % del agua viene del sistema Lerma-Chapala y eso significa que este líquido recorrió unos 750 kilómetros desde el centro del país… o dicho de otro modo, es agua que ha tenido muchas oportunidades de ensuciarse con todo tipo de cosas, bajo la vigilancia de dependencias federales, estatales y municipales diversas.
En todos los casos, para tratar adecuadamente el agua, primero debes tener claro qué tipos de contaminantes debes retirar… porque si tu enfoque es equivocado, entonces corres el riesgo de que el agua que salga de tu planta, no sea verdaderamente potable.
La realidad es que sabemos que… de alguna manera… en los grifos de las casas llega materia fecal.
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Si tenemos que tratar agua con este tipo de desechos, también existen procesos. De hecho, en concepto, tienen varios puntos en común con las plantas de potabilización que te acabo de mostrar. En esencia, se agrega una etapa donde se facilita que las bacterias degraden la materia orgánica. Y después se hace la desinfección para retirar todas las bacterias, patógenas o no.
Claro que aquí estoy hablando de sistemas de gran escala que requieren espacio y tiempos que ninguna casa individual tiene. No es algo que tú puedas replicar en tu cocina, sin importar cuánto gastes en filtros… nuestros filtros son un parche.
Los procesos para tener agua realmente potable existen y funcionan en otras partes del mundo… No es un problema técnico. Y la solución no está en la ferretería… pero sí sabemos dónde debe empezar: en la exigencia ciudadana.
La próxima vez que alguien prometa que “ahora sí” va a arreglar este problema, recuerda que las preguntas de partida son qué análisis van a realizar, que entidad ajena a la autoridad los realizará y publicará para el escrutinio de todos, cómo exactamente piensan retirar cada contaminante que se encuentre y qué herramienta ciudadana nos van a dejar para poder monitorear y de manera confiable, no solo en el momento de crisis… porque pedirnos que confiemos ciegamente no es opción.
La transparencia con datos fidedignos vale más que cualquier filtro.
El agua no es lo único en tu casa donde el peligro es invisible. En este otro video te explico el caso de una mujer que mezcló dos productos de limpieza que probablemente también tienes bajo el fregadero.
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